Jue 18 feb 2010
De las cosas que más echo de menos de mi ciudad es el salir de vinos, ya no hablo del Húmedo y las tapas, sino de las tardes de pirarme las clases de Alemán en la vinoteca con nos, hablando de idioteces mientras bebíamos cada día un vino nuevo de la pizarra, tomar el ya clásico Yzaguirre cada sábado con mis padres en el Camarote, pedir compulsivamente Pagos de Quintana con A y G en el In Situ recordando siempre la misma historia que nos contó el camarero “es el hermano del de Pago de Carraovejas que se enfadaron y ahora hace su vino” cuya veracidad nunca hemos contrastado o ir a la Trattoria única y exclusivamente porque queríamos beber Sangue di Giuda… Todo esto no se da, o no lo he encontrado, en la Ciudad Condal y hay días que todo lo que quiero es salir a tomar una copa de vino y tener una conversación distendida en un sitio acogedor que me haga sentir como en casa.










