Quizá lo de este verano sólo fue un aperitivo de lo que está por venir… Dicen las malas buenas lenguas que puede que incluso haya disco nuevo… Que vuelvan a girar, por favor, dios mio, que vuelvan a girar, que he pasado una década muy vacia sin su música.
“Liesel sacó ‘El árbol de las palabras’ de la bolsa y le enseñó a Rudy una de las paginas en la que aparecía un niño con tres medallas colgando del cuello.
- ‘El pelo de color limón’ – leyó Rudy. Tocó las palabras con los dedos -. ¿Le hablabas de mi?
Liesel no pudo responder enseguida. Tal vez fue por la súbita sacudida amorosa que sintió por él. ¿O había sido así siempre? Era probable. Privada del habla, deseó que la besara, que la agarrara de la mano y la atrajera hacia él. No importaba dónde. En la boca, en el cuello, en la mejilla. Tenía toda la piel libre para él, a la espera.
Unos años antes, cuando corrían por un campo embarrado, Rudy era un saco de huesos ensamblados con prisas, de sonrisa escarpada e irregular. Esa tarde entre los árboles era alguien que repartía pan y ositos de peluche. Era tricampeón de atletismo de las Juventudes Hitlerianas. Era su mejor amigo. Y faltaba un mes para su muerte.
- Claro que le hablaba de ti – respondió Liesel.
Se estaba despidiendo y ni siquiera lo sabía.”
- La ladrona de libros. Markus Zusak -
Bonito, no es la palabra adecuada para este libro, puede que precisoso esté más cerca de definirlo. No puedo entender que “El niño del pijama de rayas” levantase tanto revuelo y este esté pasando más o menos desapercibido, cuando Hans, Rosa, Liesel, Rudy, Max pasean, de la mano de La Muerte, formando una de las historias más bonitas que he leído últimamente.
Para seguir con mi etapa de crítica gastronómica – como dice shankao – hoy he de felicitar a Juanjo y Yolanda, el alma de Cocinandos por su recién estrenada estrella Michelín, porque su gran trabajo constante y su apuesta por no tener carta y cambiar de menú cada semana ha dado sus frutos.
Y para celebrarlo estas Navidades habrá que dejarse caer por allí.
Dentro de los sitios cutres pero auténticos de Barcelona está este local. Situado por debajo del nivel de la acera, nueve taburetes y una barra componen el espacio para el cliente, tres fuegos -gas, electrico y vitro- un hervidor de arroz y un microondas, todo ello totalmente a la vista, es lo que podríamos calificar como cocina del “restaurante” todo ello con el aspecto del bar más viejo del mundo.
Pero este “cutrerío” oculta detrás la auténtica comida del día a día japonés, lejos del sushi y la elegancia que se le asocia -todos sabemos que comer sushi no es particularmente barato- tenemos el bento, gyozas, tempuras, guisos de pollo y cerdo, es decir, platos caseros de verdad, que, a diferencia del sushi, nos encontraríamos en cada mesa japonesa cuando no es día de fiesta en casa.
弁当, bento, o plato del día
Con unos precios más que razonables – dos bentos, dos botellines de agua, una ración de gyoza y dos bizcochos no llegaron a 23€ – y en pleno centro de la ciudad Muntaner 114 – a la altura de la calle Mallorca – se me antoja una visita obligada a todo el que quiera conocer la cocina de mamá en Japón
Ayer por un ratito me sentí como en casa, todo gracias a un bar viejo, de esos míticos estilo Besugo, de camareros rancios, con un vaso con palillos como palillero, servilletas satinadas de esas que no limpian, vermut… Incluso X se sintió tan ambientado que se atrevió a preguntar si tenían mosto, pero una cosa es la sensación, y otra la realidad, aquello no era León.
Dicho lugar es el Bar Tomás, toda una institución aquí en la ciudad Condal, conocido por sus bravas, de las que dicen son las mejores de la ciudad… y están buenas, pero para mi, persona nacida y criada en tierra de tapas, tampoco son para perder la cabeza, para mis paisanos he de decir que sencillamente son patatas de “Las Torres” pero algo más aceitosas.
La comanda se compuso de una cocacola, un vermut, y dos tapas raciones, patatas bravas y croquetas, en total 7.20€. Las raciones tenían más categoría de tapa que de ración, es más, he visto tapas en mi tierra más grandes que aquellas raciones y aunque las bravas eran buenas, las cuatro croquetas cortesía de Findus no las repetiría jamás.
En base a lo expuesto, el precio fue razonable, pero como he analizar con el corazón tengo que analizar tal y como lo siento, es decir, qué me costaría conseguir dos tapas en mi ciudad, ya que hablamos de patatas de la cafetería Las Torres me posicionaré para esta simulación en los bares de La Pícara -aunque no controlo muy bien los precios de la zona -, una cocacola 2€ no te los quita nadie y un vermut ronda de 1.20€ a 1.50€, como en mi ciudad no es normal ir de cortos y tomar cocacola – solo los foráneos hacen tamaña estupidez – los 2€ de la cocacola, los convertiré en dos mostos de a 1.20€ y con dos bebidas consigo una de las tapas, para la otra tapa me pido mi vermut de 1.50€ y un corto de 1.20€ y tenemos un total de 5.10€, por los quedaría un remanente de 2.10€ para tomar otros dos cortos, con su tapa, habiendo salido de esa zona, como por ejemplo de camino a casa…
En definitiva, no sale tan barato como en mi ciudad, pero la sensación “estar en casa” creo que bien vale esos dos euros a mayores, total tampoco voy a ir todos los días.
… has de estar ahí por mi, haciendote fan en los primeros acordes, tocando la guitarra-varilla, pidiendo fuego a cualquier musico que te encuentres, felicitando a los suecos en el camerino, vetando a los mods roba taxis, siendo Leon-ard Cohen… En fin, todas esas cosas que ya sabes que nos pasan en el festival púrpura, porque querré una cronica detallada.
Por cuestión logistica, he de comer en mi oficina todos los días y aunque dispongo de Ticket Restaurant, soy una especie masoca que prefiere cocinar y saber lo que come cada día, pero hay días que me da la vagancia extrema, especialmente si después del trabajo he ido a tomar algo y llego tarde a casa.
Para estos caso suelo tener alguna solución rápida en la nevera, productos precocinados – calentar en microondas y listo – pero ayer descubrí Zamping, un servicio de catering orientado a trabajadores que, por un puñado de euros, te lleva la comida a tu oficina.
Zamping cuenta una relativamente amplia selección de platos, eso sí de lo más normales, no esperemos a ningún Sergi Arola detrás de sus fogones, geniales para salir del paso y no tener que recurrir al socorrido bocadillo.
Y hasta aqui el tema gastronómico, pero queda algo más por comentar, ya que otra de las cosas que me gusto del Zamping, fue su identidad gráfica.
Un logo simple, fresco y conciso, todo lo que viene de Zamping viene cuidadamente “logotipado”, su bolsita, sus cubiertos… Además la coherencia de su identidad gráfica va un paso más allá de lo meramente gráfico, ya que no acaba en el etiquetado., si no que intentan mantener la terminación -ing en las secciones de su web, manteniendo el tono desenfadado del nombre de la empresa hasta el final. Y finalmente no puedo decir más que el “slogan” picnic laboral, me cautivó.
Y a mi que soy de las que le entran las cosas por los ojos ya me tienen convencida para futuros apuros gastronómicos…